Tercera Edad

Capacidad de decidir al envejecer

La capacidad para decidir es un atributo de gran variabilidad en los mayores. Tratamos en el artículo de hoy un tema al que nos enfrentamos cada día en la consulta en el que inciden múltiples y variados factores potenciados por el galopante envejecimiento de la población por lo que existen cada vez más casos que requieren de un estudio minucioso, multidisciplinar, que incluya la realización de estudios neuropsicológicos, aplicación de escalas validadas así como una estrecha colaboración con los familiares y cuidadores pero a pesar de todo cuando surge la interrogante ¿será esta persona capaz de decidir con plena autonomía en este momento? Hay que reflexionar detenidamente y mirar con doble lupa antes de responder.


La respuesta puede ser compleja debido a que la capacidad de decisión en una persona mayor está condicionada e influenciada por complejos elementos que oscilan desde el estado anímico, capacidad cognitiva, deprivación sensorial (visual o auditiva), funcionamiento de la glándula tiroides y niveles de vitaminas como la B-12, entre otros, que pueden coexistir en una misma persona y potenciarse entre si.

La capacidad de una persona puede cambiar a lo largo del tiempo, como ejemplo típico son situaciones clínicas que pueden producir variaciones en el nivel de consciencia como una neumonía, que con tratamiento adecuado puede mejorar y retornar al estado que tenia antes de enfermar.
Otro aspecto importante son las situaciones de incapacidad que son modificables o reversibles, por lo que ante una situación en que la persona es incapaz para recibir, comprender una determinada información y tomar una decisión, el primer planteamiento profesional debe ser tratar de revertir la situación que produce la incompetencia siempre que sea posible.

Las situaciones en que las personas están totalmente incapacitadas para tomar decisiones son:
*Demencias en fase avanzada.
*Estados vegetativos persistentes.
*Deficiencias mentales profundas.

Se pueden producir situaciones conflictivas cuando el mayor se opone a propuestas sanitarias sensatas que pueden beneficiar su estado de salud como ingerir un determinado tratamiento, acudir a rehabilitación para aliviar un dolor, utilizar audífonos para mejorar su audición y evitar el aislamiento, pero no se puede considerar incapaz a nadie solo porque no acepta lo que se le propone. En estos casos se debe apelar al convencimiento lógico y tener paciencia.

Para evitar errores y sesgos que con frecuencia surgen como comentábamos en la introducción del articulo es importante disponer de criterios e instrumentos precisos de valoración de la capacidad, sin olvidar que dada la enorme riqueza y variedad de la conducta humana en el contexto del proceso de envejecimiento es difícil llegar a la medida exacta y objetiva de la capacidad, sin olvidar los cambiantes patrones culturales de referencia.

En la última década se han venido utilizando diversos test para evaluar con la mayor precisión posible la capacidad, todos tienen algunas características comunes ya que por vías diferentes buscan valorar los siguientes aspectos:
*Capacidad de la persona para comprender la información que se le brinda.
*Capacidad de expresar una elección.
*Proceso de razonamiento, capacidad para tomar una decisión basada en motivos racionales.
*Resultado razonable, capacidad para elegir una decisión razonable.

En resumen, se trata de evaluar la capacidad que tiene la persona para comprender en conjunto una determinada situación con riesgos y beneficios para así poder tomar una decisión en consecuencia que se corresponda con lo más adecuado para sus intereses.
Los criterios pueden jerarquizarse de menor a mayor exigencia según la trascendencia de la decisión a tomar.
En caso de que el umbral requerido sea desproporcionadamente bajo para una determinada situación se corre el riesgo de que personas sin la capacidad adecuada decidan en situaciones de gravedad. Por otra parte si se utilizan criterios de gran exigencia la mayor parte de las personas podrían ser consideradas incompetentes sin serlo. En el medio esta la virtud, ni pasarse ni quedarse corto.
De le reflexión anterior obtenemos la conclusión que una aplicación indebida por defecto de los criterios puede dar lugar a un autonomismo exagerado, mientras que una aplicación indebida por exceso puede generar actitudes paternalistas.

Los criterios más aceptados en la actualidad son:

*Comprensión de la información clínica que se aporta.
*Manejo racional de la información.
*Apreciación correcta del significado que tiene la información que se trasmite.
*Capacidad de comunicar y de mantener una elección.

La comprensión de la información puede evaluarse solicitando a la persona que parafrasee la información que se le ha dado o solicitándole que explique lo que significan acorde a su comprensión los temas que se le han explicado.
El manejo racional de la información puede evaluarse examinando la cadena de razonamientos paso a paso.

Para valorar la apreciación de la situación es necesario indagar sobre las concepciones de la persona con respecto a la enfermedad o de un tema determinado, necesidad de tratamiento o actuaciones concretas, la evolución y su motivación.
La capacidad de comunicar una elección se evalúa preguntando al mayor su decisión y repitiendo la pregunta minutos u horas después para contrastar las respuestas.

La comunicación verbal o no verbal es un requisito previo fundamental para poder conocer la opinión y los deseos de una persona.
Como un dato de gran relevancia podemos destacar que se han propuesto sistemas que para evaluar capacidades concretas de gran utilidad práctica en el campo del envejecimiento, mencionamos las más importantes:

*Capacidad testamentaria.
*Capacidad para el consentimiento de la hospitalización.
*La competencia económica en la vejez.
*Capacidad para elaborar voluntades anticipadas.
*Capacidad para votar en personas con demencia.

Una completa valoración que incluya los medios técnicos y profesionales necesarios que cada caso requiera puede ser de gran utilidad para determinar con la mayor precisión posible la capacidad que tiene en ese momento una persona mayor para ser capaz de tomar las decisiones más adecuadas para garantizar su bienestar.

René De Lamar

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